Antes de regresar a Buera, bien merece una visita el Mirador de Dulcis, situado en un altozano próximo al Reloj de Sol de los Olivos.

    Desde este lugar se obtiene de una amplia panorámica, cuyo protagonista es el Santuario de Dulcis. La visión es apacible y relajante. Los bosques de encinas y quejigos visten las suaves laderas, mientras que los pequeños campos de olivos, almendros y vides aprovechan las tierras más soleadas y de menor pendiente.

   Huele a romero y a tomillo.  A lo lejos vemos el pueblo de Alquézar, con su inconfundible colegiata sobre la peña y como telón de fondo, la silueta de la Sierra de Guara y la Sierra de Sevil.

    Aquí nada falta y nada sobra. El tiempo parece detenerse y las prisas cotidianas desaparecen. Ahora ya solo nos queda regresar a Buera por el mismo camino.

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